El fin de la "Inspiration Porn"

Apple rompe el tabú definitivo: dejar de tratar la discapacidad como una gesta heroica para empezar a tratarla como una vida cotidiana. La verdadera inclusión no es aplaudir, es normalizar.

El Contexto

Históricamente, la publicidad ha cometido un pecado capital con la diversidad funcional: convertirla en "Inspiration Porn". Marcas bienintencionadas solían retratar a personas con discapacidad como héroes trágicos o santos de la superación, acompañados siempre de música de piano lacrimógena. Esta narrativa, aunque busca emocionar,
es sutilmente deshumanizante porque reduce a la persona a su condición, segregándola en un pedestal de "especialidad" que nadie pidió.

La Ruptura

Con la campaña "The Greatest" y su himno "I’m not Remarkable", Apple ejecutó un giro de guion cultural brillante. No vemos a usuarios escalando el Everest; vemos a estudiantes llegando tarde, procrastinando, teniendo resacas y siendo, en sus propias palabras,
"un desastre humano promedio". La marca se atreve a decir: "No soy tu inspiración, ni soy valiente; solo estoy buscando mi camino". Al borrar la condescendencia, Apple deja de ser un fabricante de "prótesis tecnológicas" para convertirse en un facilitador de normalidad.
El iPhone no te "arregla", simplemente nivela el terreno de juego.

La Síntesis

Apple nos demuestra cómo pasar de ser un vendedor de hardware a un actor cultural legítimo. Mientras otros competidores siguen vendiendo soluciones técnicas para problemas médicos, Apple vende dignidad e integración. Nos recuerdan que el objetivo final de la tecnología de asistencia no es destacar la diferencia, sino volverla irrelevante.
Ser una marca líder hoy implica entender que la empatía vende más que la lástima, y que, a veces, el derecho humano más fundamental no es ser extraordinario, sino tener el permiso de ser deliciosamente común.

Por Robert Scaramal | The Human Thinker